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EN EL PÁDEL HAY LÍMITES. EN TUS VÍNCULOS, TAMBIÉN.

Foto del escritor: Federico Toledo
Federico Toledo
19 oct
3 min de lectura

Decir qué aceptás y qué no también es cuidarte.

 

En una cancha de pádel las líneas marcan qué está dentro y qué queda afuera. No son un capricho: permiten jugar con reglas compartidas. En los vínculos también hay límites, aunque no siempre sepamos nombrarlos. Decir “esto me hace bien”, “esto no lo acepto” o “necesito pensarlo” ayuda a cuidar el respeto y la libertad de quienes participan de una relación.

Un límite personal expresa qué necesitamos para sentirnos cuidados y cómo vamos a actuar si algo nos hace daño. No es una orden para controlar a otra persona ni una amenaza para que haga lo que queremos. Es una forma de comunicar nuestro espacio, nuestros valores y nuestras decisiones.

Por ejemplo: “No quiero que revises mis mensajes” expresa un límite sobre la privacidad. “Si una conversación incluye insultos, voy a hacer una pausa y retomarla cuando podamos hablar con respeto” explica, además, qué hará quien pone ese límite. La otra persona conserva su libertad para decidir; nosotros también conservamos la nuestra.

 

El límite no es un muro

A veces se confunde poner límites con alejarse, ser egoísta o dejar de querer. Sin embargo, un vínculo cercano no exige estar de acuerdo en todo, compartir cada aspecto de la vida ni responder de inmediato a cualquier pedido. La intimidad puede convivir con la autonomía: cada persona tiene tiempos, amistades, preferencias y necesidades propias.

Los límites pueden aparecer en situaciones cotidianas: cuánto tiempo compartimos, cómo nos hablamos durante una discusión, qué contamos sobre la intimidad de la pareja, qué contacto físico deseamos o qué decisiones preferimos tomar por separado. También pueden cambiar. Algo que antes nos resultaba cómodo quizá hoy ya no, y podemos conversarlo.

La comunicación ayuda a que esas diferencias no queden escondidas detrás del silencio o el resentimiento. La American Psychological Association destaca la importancia de hablar abiertamente, escuchar el punto de vista de la pareja y abordar los desacuerdos de manera constructiva. [1]

 

Decirlo con claridad y respeto

Poner un límite puede dar culpa o miedo a decepcionar. Para empezar, puede servir preguntarnos: ¿qué situación me incomoda?, ¿qué necesito?, ¿qué puedo pedir con claridad?, ¿qué decisión depende de mí?

Conviene hablar desde la propia experiencia y evitar descalificar: “Me cuesta seguir esta conversación cuando levantamos la voz; necesito que hagamos una pausa”, en lugar de “Siempre arruinás todo”. Ser claro no significa ser agresivo. La asertividad permite expresar necesidades y desacuerdos respetando a la otra persona.

También importa escuchar la respuesta. Un límite no garantiza que el otro esté de acuerdo o que le resulte fácil. Sí ofrece una oportunidad para conversar, negociar lo que sea negociable y reconocer qué aspectos no queremos ceder. El respeto se ve en ambas direcciones: puedo expresar un “no” y también necesito poder recibirlo.

 

¿Qué pasa si el límite no se respeta?

Un desacuerdo aislado no define por sí solo una relación. Sin embargo, si cada límite se convierte en motivo de burla, presión, castigo o control, conviene prestar atención. La Organización Mundial de la Salud incluye las conductas de control, el abuso psicológico y la coerción sexual entre las formas de violencia de pareja. Según sus estimaciones más recientes, el 25,8 % de las mujeres de 15 a 49 años que estuvieron en una relación sufrió violencia física o sexual por parte de una pareja actual o anterior. [2]

Esto no significa que toda discusión sea violencia ni que quien recibe maltrato sea responsable de detenerlo poniendo un límite. La violencia y el control no se resuelven siempre con una conversación. Si hay miedo, amenazas, aislamiento, presión sexual o vigilancia, es importante buscar apoyo de personas de confianza y de servicios especializados.

El CDC señala que promover relaciones respetuosas y no violentas forma parte de la prevención de la violencia de pareja. [3] El cuidado, entonces, no depende solo de aprender a decir que no: también requiere que podamos escuchar el “no” de la otra persona y construir acuerdos sin miedo.

En el pádel, reconocer una pelota afuera permite seguir jugando con reglas claras. En nuestros vínculos, nombrar lo que necesitamos puede abrir una conversación más honesta. A veces el límite será un acuerdo; otras, una pausa o una decisión de tomar distancia. Decir qué aceptás y qué no también es cuidarte.

 

Referencias

• American Psychological Association. (2020). Happy couples: How to keep your relationship healthy. https://www.apa.org/topics/marriage-relationships/healthy-relationships

• World Health Organization. (2026). Violence against women. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-women

• Centers for Disease Control and Prevention. (2024). Preventing intimate partner violence. https://www.cdc.gov/intimate-partner-violence/prevention/index.html

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Escrito por Federico Toledo

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