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Cuando no hay red: vivir sin familia cerca, por la razón que sea

  • lic.eugenia.miret
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  • 3 min de lectura

En las últimas semanas se hizo conocido en Argentina un proyecto llamado Se alquila abuela: una iniciativa que conecta a mujeres mayores de 50 años con personas o familias que buscan acompañamiento, cuidado cotidiano o simplemente esa presencia cálida que uno asocia a una abuela. Retirar a los chicos del colegio, preparar una comida, estar disponible. Algo tan simple como eso.

La propuesta generó reacciones de todo tipo. Pero más allá del debate, hay algo que ese proyecto pone en palabras de manera muy concreta: hay muchas personas que no tienen a nadie cerca. Y los motivos por los que eso ocurre son muy distintos entre sí.

 

NO HAY UNA SOLA FORMA DE QUEDARSE SIN RED

A veces la distancia es geográfica: la familia existe, pero está en otra ciudad, en otro país, en otro ritmo de vida. A veces la distancia es otra: hay familia, pero la relación está rota, o nunca funcionó bien, o el vínculo se fue desgastando hasta volverse casi inexistente. Y a veces, simplemente, las personas que uno amaba ya no están —por fallecimiento, por pérdidas que se acumulan con el tiempo.

Estas situaciones son muy distintas entre sí y cada una tiene su propio peso. Pero todas comparten algo: dejan a la persona sin una red que en otro tiempo (propio o imaginado) hubiera estado ahí.

 

CUANDO LA FAMILIA NO FUE UN LUGAR SEGURO

Hay algo que merece nombrarse aparte: para algunas personas, la familia de origen nunca fue una red de apoyo. Fue, al contrario, una fuente de conflicto, de daño o de ausencia. En esos casos, el duelo es distinto y muchas veces más silencioso, porque no hay una pérdida clara que otros puedan reconocer. No se perdió algo que existía. Se perdió algo que nunca estuvo, y eso también duele.

Quienes crecieron en entornos familiares difíciles suelen llegar a la adultez con una relación compleja con la idea misma de red: a veces sin saber bien qué es lo que necesitan, a veces desconfiando de los vínculos, a veces cargando con la sensación de que pedir apoyo es demasiado o no corresponde.

 

¿QUÉ SE EXTRAÑA, EXACTAMENTE?

Cuando falta la red (por la razón que sea) no siempre es fácil ponerle nombre a lo que se siente. No siempre es soledad en el sentido clásico. A veces es agotamiento: la sensación de que todo depende de uno solo, de que no hay margen para equivocarse o para estar mal. A veces es una especie de orfandad práctica: no tener a quién llamar en una emergencia, no tener con quién compartir una buena noticia sin tener que explicar demasiado el contexto.

La familia (cuando funciona bien) no es solo afecto. Es también una memoria compartida, una presencia que no requiere coordinación previa, alguien que te conoce de antes. Eso no se improvisa fácilmente, y su ausencia tiene efectos reales en el día a día.

 

LO QUE EL "ALQUILER" MUESTRA SIN QUERER

El proyecto Se alquila abuela puede leerse de muchas maneras. Pero una de las más interesantes es esta: que hay personas que llegan a buscar en otro lado algo que en otro tiempo encontraban (o hubieran querido encontrar) en su entorno familiar. Y que esa búsqueda no tiene nada de vergonzoso.

Necesitar contención, compañía o apoyo cotidiano es completamente humano. Lo que varía es el contexto en el que cada uno intenta cubrirlo. Y a veces, eso implica construir redes nuevas, de maneras que no estaban previstas: amistades profundas, comunidades de pertenencia, vínculos elegidos que con el tiempo se vuelven tan importantes como los heredados o más.

Hay personas que construyen, a lo largo de su vida, una familia que no es la de sangre. Eso no es un plan B. Es una forma legítima y valiosa de estar en el mundo.

 

QUÉ PODÉS HACER CON ESTO

Si algo de lo que leíste te resonó (sea porque vivís lejos, porque la relación con tu familia es difícil, o porque perdiste personas importantes) puede ser una oportunidad para preguntarte: ¿con quién cuento hoy? No en términos de cantidad, sino de disponibilidad real. ¿Hay alguien que sabe cómo estás? ¿Hay alguien a quien puedas llamar cuando las cosas se complican?

Si la respuesta es difícil, no es un diagnóstico ni un motivo de alarma. Es simplemente información. A veces esa información lleva a buscar nuevos vínculos, a entender por qué cuesta tanto conectar, o a explorar qué historia personal está detrás de esa dificultad. Y acompañarse en ese proceso (con tiempo, con paciencia, y a veces con ayuda profesional) puede marcar una diferencia real.

Escrito por Maria Eugenia Miret

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