Ansiedad: Cuando la mente es un tren que no puede detenerse
- Manuel Estrada
- 11 jul
- 4 min de lectura
Es muy probable que, en más de una ocasión, hayas escuchado la famosa "Oración de la Serenidad": Acepta con serenidad lo que no puedes cambiar, ten el valor para cambiar lo que sí puedes y desarrolla la sabiduría para reconocer la diferencia. Para la mayoría de las personas, es muchísimo más fácil estar de acuerdo con esta frase que ponerla en práctica. La razón es sencilla: a menudo no sabemos qué cosas están bajo nuestro control y cuáles no. Como resultado, nos frustramos intentando cambiar lo inmodificable.
Aquí es donde entra la Terapia de Aceptación y Compromiso (conocida como ACT). Su propósito no es darte una fórmula mágica de bienestar rápido ni eliminar tus emociones incómodas. ACT acepta que el dolor es parte de la experiencia humana. Lo que busca, en cambio, es reducir el sufrimiento aumentando tu vitalidad y tu capacidad para construir la vida que deseas. Consiste en aprender a "llevar contigo" el paquete completo (ansiedad, enojo, alegría, recuerdos) mientras te comprometes a caminar hacia lo que verdaderamente te importa.
1. Redefiniendo la ansiedad: De la lucha a la apertura
Hay una verdad incómoda pero liberadora: la ansiedad es parte de la vida. Muchas personas logran vivir vidas ricas y plenas experimentando exactamente los mismos miedos y temores que tú sientes hoy. ¿Su secreto? No tienen ningún superpoder; simplemente han aprendido a poner a la ansiedad en su lugar correspondiente: como una partede sus vidas, pero no como la totalidad de ellas. Han dejado de luchar contra ella.
Cuando vemos a la ansiedad como "el enemigo", nuestra relación con ella se vuelve hostil. Esto, paradójicamente, la alimenta y la fortalece, atrapándonos en un círculo vicioso de resistencia y malestar.
Tú tienes el poder de tomar decisiones, pero elegir si tienes o no ansiedad no es una de ellas. Nadie elige asustarse o tener pánico. Sin embargo, lo que sí puedes elegir es el enfoque con el que vas a recibirla. No podemos evitar que aparezcan pensamientos o sensaciones desagradables de vez en cuando. Cuando corres con entusiasmo hacia tus metas, es inevitable que aparezcan todo tipo de emociones. No puedes tener una vida plena sin abrirle la puerta a todo el abanico de la experiencia humana. Ganar la guerra contra la ansiedad no significa destruirla; significa darle la bienvenida mientras sigues dando pasos firmes hacia tu vida.
2. El compromiso de ser humanos
Aprender a relacionarte de otra manera con tu mente requiere práctica. Comprometerte con este proceso no significa que tengas que hacerlo todo perfecto o que nunca vayas a regresar a tus viejos hábitos. Habrá momentos en los que caigas en patrones antiguos, y eso está bien.
Comprometerte significa, sencillamente, que estás dispuesto a hacer tu mejor esfuerzo. Si un día fallas a ese compromiso, no significa que hayas fracasado como persona. Trátate con amabilidad. Castigarte por el simple hecho de ser humano nunca ayuda; al contrario, es el camino más rápido para sentirte peor.
3. Un ejercicio experiencial: El expreso de los pensamientos
Nuestra mente puede ser un lugar sumamente congestionado, a veces más que una gran estación de trenes en hora pico. Los "trenes de pensamiento" tienen la capacidad de transportarnos a lugares muy lejanos. A veces, esa capacidad es maravillosa y la llamamos creatividad; pero cuando la ansiedad toma el mando, la mente nos lleva a destinos que no nos ayudan en nada.
Si sufres de mucha ansiedad, incluso un pensamiento que empieza en un lugar agradable puede terminar descarrilando hacia Ansiedadlandia. Por ejemplo, puedes pensar: "Qué lindo día hace hoy", y de inmediato tu mente activa la línea ferroviaria del "¿Y si...?": "¿Y si el clima cambia? ¿Y si el pronóstico se equivocó? ¿Y si viene una tormenta y destruye mi casa? ¿Y si lo pierdo todo y me quedo sin hogar?". De pronto, un día soleado te llevó a preocuparte por la indigencia.
Cuando estás subido a uno de estos trenes, te sientes sacudido y mareado por la ansiedad. Pero si pudieras mirar los trenes desde arriba, verías pacíficamente cómo avanzan por las vías. No puedes detener los trenes de carga de tu mente —intentar frenar un tren en movimiento solo te dejará exhausto—, pero puedes aprender a verlos pasar sin subirte a bordo.
Paso a paso para practicar en casa:
• Busca un lugar cómodo: Siéntate o recuéstate en un lugar tranquilo. Cierra los ojos o entorna la mirada, toma un par de respiraciones profundas y permite que tu cuerpo se acomode.
• Observa el tráfico mental: Empieza a notar los pensamientos que cruzan por tu mente. Algunos serán ruidosos y evidentes; otros, apenas un murmullo. Imagina que cada uno de ellos es un tren.
• Toma distancia desde el cielo: Cuando te descubras atrapado por un pensamiento (como "Nunca voy a dejar de sentirme así"), imagínate elevándote hacia el cielo. Míralo desde arriba y di para tus adentros: "Ah, mira, ahí va el tren de 'nunca voy a dejar de sentirme así'", y déjalo rodar por las vías.
• Regresa si te dejas llevar: Es completamente normal que te des cuenta de que te subiste a un tren y que ya viajaste varios kilómetros dentro de él. En el instante en que lo notes, no te juzgues. Usa ese momento para elevarte de nuevo hacia el cielo y mirar el tren desde la distancia, reconociendo que ese pensamiento es algo separado de ti.
• Adopta una actitud de curiosidad y humor: No intentes discutir con los pensamientos ni forzarlos a detenerse. Es mucho más fácil bajarse del tren y observarlo con curiosidad que intentar pararlo con las manos.
Practicar este ejercicio, aunque sea unos pocos minutos al día puede cambiar drásticamente la forma en que te relacionas con tu mente. Me encantaría que me contaras aquí abajo en los comentarios: ¿Lograste identificar a qué estaciones te suelen llevar tus trenes de pensamiento? ¿Cómo te sentiste al intentar mirarlos desde el andén o desde el cielo en lugar de viajar en ellos? ¡Te leo!
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Escrito por Manuel Estrada




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